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ADIOS DR. ORTE

Muere un grande. De la cirugía y de la vida. Fue nuestro compañero, nuestro maestro y nuestro amigo.
Ángel Orte fue distinto. De muchas formas. Con muchos matices. Padecía de una enfermedad poco común en nuestro tiempo: la integridad.
Una enfermedad mucho más fuerte que la que se lo llevó.
Integridad es hacer aquello que hay que hacer incluso cuando nadie te ve.
El no jugó nunca de cara a la galería. No urdió. No se mintió y no mintió  a nadie. Luchó hasta el final.
Otros raros y maravillosos síntomas acompañaban a este  cuadro:
1. Su risa contagiosa y vital, nos acompañó en tantas guardias vigilantes, tantas tardes entre anécdotas hilarantes. Recuerdo cómo nos contaba casi con lágrimas en los ojos aquella vez que refiriéndose a  una paciente sobre su madre le informaba: “Esta tarde se la meto en quirófano”- silencio incómodo y aclaración – “a su madre, quiero decir”. Y rompía a reír, con nosotros siguiéndole enseguida, admirados de su  humildad.
2. Lealtad absoluta a los suyos. A nosotros. A su servicio de cirugía. Estoy seguro de que muchas veces le fallamos. Él nunca lo hizo. Siempre estuvo ahí. Siempre se sentó a la derecha del jefe. Muchas veces le apoyó  y otras tantas  no estuvo de acuerdo con él. Pero allí, a la cara, noble como solo Ángel Orte puede ser noble. Sin doblez, trampa o cartón.
3. Devoción a sus pacientes. Nunca admitida, tan solo evidente por la adoración que todos le profesaban, por cuantos le buscaban por los pasillos, por sus consultas atiborradas…
4. Sensatez. Cuando su voz se alzaba en sesión clÍnica, hablaban el cirujano y el ser humano. Nunca separó las dos cosas. Primum non nocere, decía. Y todos asentíamos.
5. Amor incondicional. Los cirujanos son tipos duros, o ese es el tópico. Nervios de hierro, sentimientos reprimidos.
Alguien me dijo hoy que lo que más admiró de Ángel Orte  es su facilidad para decir cuan enamorado estaba de su mujer, su María. Lo decía tanto… Para él no había otro tesoro que los suyos (ese fue su último post en Facebook).
Hasta pronto, Don Ángel.
 Allí donde estés tienes que saber que a quién tocaste, le llegaste.